Ideas prácticas para un consumo más consciente


Resultado de imagen para pañuelos de papel o pañuelos de tela



Una necesidad básica: limpiarnos la nariz.... 
Si usamos pañuelos de tela, ahorramos, pero la economía no crece, duran
mucho. 
Si usamos de papel sí generamos riqueza y puestos de trabajo.

• Para hacer los pañuelos de papel necesitamos (modelo
actual centralizado, economía industrial):
1.– Plantar árboles (monocultivos de eucaliptos con nefastas
consecuencias ambientales), talarlos y transportarlos a
la fábrica para hacer pasta de papel.
2.– Fabricar los pañuelos de papel (en fábricas contaminantes)
y los envoltorios de plástico (basados en petróleo,
contaminante traído de lejos). Envasar.
3.– Distribuir y comercializar. Un ejemplo real y típico: fabricar
en Barcelona y distribuir por toda la península.
4.– En casa: ir a comprar a menudo, sacar más basura.
5.– Transportar y tratar (incinerar, verter o reciclar, según
los casos) toneladas de papel y plásticos.


• Para hacer pañuelos de tela necesitamos (caso utópico,
modelo economía ecológica, producción ecológica y local):
1.– Plantar, por ejemplo, lino (cultivo que se adapta perfectamente
a la producción ecológica y a climas diversos) y
procesar su tallo para obtener tejidos.
(Además, el lino ofrece semillas, que pueden servir para alimentación
animal o humana –semillas, aceite de linaza, harina...–,
para usos medicinales varios, para fabricar biodiesel,
para usar como barniz que proteja madera o metal, para fabricar
linóleo –producto impermeable para cubrir suelos–).
2.– Hacer pañuelos (de modo artesanal o en pequeña industria
anexa o cercana a la plantación). Envasar en cajas de
madera (de origen local y cultivo sostenible) reutilizables.
3.– Distribuir y comercializar localmente.
4.– En casa: lavar los pañuelos.
 5.– Reciclar el residuo (mínimo). Con las fibras vegetales se
puede hacer paño para uso industrial. Con la madera, tableros
de madera. Tela y madera sin tratamientos químicos
son compostables.
En la vida útil de un pañuelo de tela consumimos miles de
papel, lo que multiplica los trabajos, también los que “no
se ven” (gestiones, impuestos, burocracia, transporte “oculto”...).

Aplica este ejemplo a los miles de actividades que se
podrían realizar de manera más económica o que se podrían
eliminar. La publicidad que inunda nuestros buzones,
coches que sobran, envases... Intenta tú misma completar
la lista, seguro que encuentras cien ejemplos sin
gran dificultad.
¿Te imaginas la cantidad de horas de trabajo y las toneladas
de recursos naturales que nos ahorraríamos? ¿Serías
capaz de relacionar la ley capitalista del crecimiento
con el excesivo estrés de la vida actual? Obras y obras,
coches, prisas, compras, gestiones... ¿Recuerdas aquel
anuncio de un medicamento que decía «usted no puede
parar por un simple dolor de cabeza»? ¿Te encajan las
piezas del puzzle? Quizás lo más saludable sea aprovechar
el dolor de cabeza y pararnos a pensar... en pequeños
ejemplos concretos de tu vida: quizás recuerdes la ley
del crecimiento capitalista y te des cuenta de que estás
trabajando para cubrir las necesidades del sistema y no
para atender las tuyas...
Eliminando falsas necesidades eliminaríamos puestos
de trabajo, pero en trabajos inútiles (y muchas veces incluso
dañinos). Podríamos repartirnos los trabajos realmente
útiles y dedicar el tiempo libre sobrante a descansar,
a jugar, a bailar o a lo que quisiésemos y/o reconvertir
los empleos inútiles en actividades verdaderamente valiosas.
Podríamos empezar a reivindicar un decrecimiento
sostenible, una reconversión profunda. Es verdad que
hace falta un cambio de mentalidad muy grande. Pero algún

día habrá que empezar...

Consumir menos,
vivir mejor

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